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La Pérdida Auditiva

La sordera es una pérdida de sensibilidad a los sonidos. Es la pérdida o disminución de la audición. Engloba toda etiología y grados de déficit en la audición (sordera e hipoacusia).

Una persona con una deficiencia auditiva puede ser capaz de oír algunos sonidos o puede no oír nada en absoluto.

La sordera en cuanto deficiencia, se refiere a la pérdida o anormalidad de una función anatómica y/o fisiológica del sistema auditivo, y tiene su consecuencia inmediata en una discapacidad para oír, lo que implica un déficit en el acceso al lenguaje oral.

Partiendo de que la audición es la vía principal a través de la que se desarrolla el lenguaje y el habla, debemos tener presente que cualquier trastorno en la percepción auditiva del niño, a edades tempranas, va a afectar a su desarrollo lingüístico y comunicativo, a sus procesos cognitivos y, consecuentemente, a su posterior integración escolar, social y laboral (FIAPAS, 1990).

Existen diferentes grados para expresar la sordera, que se definen por el nivel de pérdida auditiva en las frecuencias del habla (500, 1000, 2000 Hz):

  • Sordera leve: Pérdida auditiva de 20 a 40 dB. El habla se percibe con un tono de voz normal, pero se percibe con dificultad si es en voz baja o distante. Sin embargo, se perciben la mayoría de los ruidos familiares.
  • Sordera media: Pérdida auditiva de 40 a 70 dB (puede ser de tipo I, II o III). El habla se percibe en un tono de voz elevado. El sujeto comprende mejor si ve a la persona que habla.
  • Sordera grave: Pérdida auditiva de 70 a 90 dB (puede ser de tipo I, II o III). El habla se percibe si se habla muy alto al oído. Sólo se perciben los ruidos fuertes.
  • Sordera profunda: Pérdida auditiva de 90 a 120 dB (puede ser de tipo I, II o III). El habla ya no se percibe en absoluto. Sólo se perciben los ruidos muy fuertes.
  • Sordera total o cofosis: Por encima de 120 dB. No se percibe nada.